miércoles, 14 de abril de 2010

Una historia basada en los números como una alternativa a la historia de los próceres.

En su permanente interacción dialéctica, las ciencias sociales ponen a prueba sus métodos y sus producciones para construir herramientas cada vez mas eficientes que puedan ser usadas por todos los miembros de la sociedad.
La historia, hoy considerada una ciencia social, fue cultivada desde la antigüedad por los pocos que manejaban la técnica de la escritura. Estos pocos que escribían historia lo hacían desde una perspectiva parcial, condicionada por su pertenencia a los sectores que manejaban el poder político y religioso, y por lo cual sus producciones obviaban rescatar para la memoria aspectos que hoy son relevantes para la ciudadanía.

Con la profesionalización de la ciencia, hacia fines del siglo XIX, la historia se convirtió en una carrera y un espacio de investigación en las universidades, espacios en los cuales fueron legitimándose otros temas distintos a los tradicionales relatos de celebres batallas y míticas biografías.
En este contexto cobraron valor numerosos documentos que habían dormido placidos en los archivos, y que ahora tenían algo nuevo para revelar. Los archivos contables, los censos, los registros de personas y las descripciones incluidas en procesos judiciales y actuaciones notariales, entre otras fuentes, fueron las nuevas proveedoras de información para reconstruir un pasado y una memoria en los que comenzaban a dejarse de lado los “árboles genealógicos”.
Con más fuerza en la primera mitad del siglo XX, la renovación científica de la Escuela de los Annales, en Francia, y la reproducción de sus planteos en las principales universidades del mundo, permitieron conocer y profundizar otros problemas que antes habían sido marginados y omitidos. Las nuevas preguntas, elaboradas desde los claustros universitarios democratizados y autónomos, orientaron la producción de una nueva imagen del pasado que ahora incluiría a “todos” sus protagonistas.

Crecimiento de la población en Santiago del Estero entre fines del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX. (Yocca 2007)

Sobre la población
Sobre la población santiagueña de fines del siglo XVIII podemos señalar que era importante el porcentaje de negros africanos traídos en condición de esclavitud y que en 1778, según los datos censales, ya superan en número a la población indígena lo que llevó al Cabildo a legislar sobre sus formas de vida y los problemas de convivencia que se habían generado con los demás sectores de la sociedad.[1]
En las actas capitulares se pueden observar disposiciones tendientes a marcar, con mayor infraestructura que la que existía hasta ese momento, la separación de la población negra del sector blanco en las rancherías que los primeros ocupaban y que eran parte de las fincas de las órdenes religiosas franciscanos, dominicos y mercedarios[2]. Los datos que hasta el momento manejamos indican que el total de la población santiagueña en estos años es de 15.456, de los cuales son 8.312 negros, 4.897 indígenas y 2.247 blancos. La composición rural y urbana era significativamente mayor para el primer segmento con un 89% contra el 11% de la segunda.[3] Para la última década del siglo XVIII, Alén Lascano aporta datos aclarando que se tratan de estimaciones. En este caso atribuye a la jurisdicción santiagueña conformada por la ciudad más antigua y los pueblos del interior un total de 32.000 de los cuales discrimina a 18.000 habitantes blancos, 12.000 indios y mestizos, y 2.000 habitantes entre negros y mulatos.[4]
En relación con la organización de trabajo servil de los indígenas que los españoles denominaron encomienda, fue curiosa la evolución de la población en estas instituciones que trabajaba en los obrajes de algodón y que fueron decreciendo de manera brusca. Estas prácticas artesanales habrían pasado a ser desarrolladas en las estancias y a los hogares criollos. Respecto del destino de los pobladores virtualmente desaparecidos un destino probable habría sido la fuga de los mismos hacia las zonas boscosas del río Salado.[5]
Según estimaciones de Diego G. De la Fuente, para los primeros años del siglo XIX una población total de 40.500 habitantes, y con esta cifra era entonces la jurisdicción más poblada de la intendencia de Salta del Tucumán de la cual dependía políticamente en la organización virreinal.[6]
En los primeros años de la vida independiente se realizaron levas de hombres para contribuir a las fuerzas militares tanto en el frente con los españoles como en la frontera con el indio que tenía su punto de mayor presión en el Fortín de Abipones al sur del actual territorio de Santiago del Estero.
En el año 1819 un censo -en el cual no se discriminaran ya las diferencias raciales-, reveló un total de 43.370 habitantes para la jurisdicción, y a esta cifra habría que agregarle la de 2.000 indígenas de poblaciones no reducidas.[7] En este relevamiento la población rural continuó siendo elevada con 38.005 habitantes contra 8.365 que residían en la ciudad de Santiago del Estero[8].
En la bibliografía trabajada pudimos encontrar también una estimación publicada en el diario “El Argos”  de Buenos Aires en febrero de 1824 que atribuye a Santiago del Estero una población total de 50.000 habitantes[9]. Igual cifra aportó un viajero ingles citado por Palomeque[10] quien aporta además una estimación de 60000[11] para 1854 y el sugestivo dato de 140000 habitantes para 1863, cifra que se acerca a los resultados del primer Censo Nacional de 1869.
A partir de los datos obtenidos se propone una estimación de crecimiento utilizando como base los datos del  Censo de 1778 recopilado por Antonio Larrouy[12] en el que se organizaron las jurisdicciones en curatos y que según consta en la mencionada fuente ha sido realizado por los sacerdotes de la diócesis con una interesante discriminación de razas y castas que dan una descripción de la sociedad santiagueña y de su ubicación espacial.

Crecimiento de la población en Santiago del Estero entre fines del siglo XVIII
 y primera mitad del siglo XIX.


Esta es la información más detallada en cuanto a la constitución y la ubicación de la población santiagueña que se pudo obtener y a partir de la cual se propone una proyección utilizando otros relevamientos más generales y datos de censos reproducidos en la bibliografía trabajada. Estos últimos relevamientos corresponden a los años 1790, 1800, 1819, 1824 y el primer Censo Nacional de 1869, desde los cuales se intenta mostrar el salto  cuantitativo en los registros que necesariamente debe ser analizado a la luz de nuevos datos.
En un periodo total de 91 años puede observarse un importante crecimiento de la población en una etapa que la historiografía clásica local  supone de decadencia económica. Esto nos hace pensar que podrían haberse realizado importantes omisiones en los relevamientos anteriores a 1869 o que no habría existido tal decadencia.


[1] Actas Capitulares Ed. 1948.
[2] Actas Capitulares Ed. 1948.
[3] Larrouy, Antonio (recop.) Documentos del Archivo de Indias para la historia del Tucumán, T II (Siglo XVIII), Tolosa, Eduardo Privat, 1927, pp. 380-382
[4] Alén Lascano atribuye estos datos al obispo Moscoso y aclara que es una estimación pero a su entender se trataría de una cifra más confiable ya que en ella se muestra mayor equilibrio entre las castas con cierto predominio del componente blanco en el total propuesto.
[5] Alén Lascano 1996
[6] Ídem anterior.
[7] Ibidem.
[8] Sin cuestionar el dato general, Palomeque pone en duda que la población urbana hubiese llegado a esa cifra ya que el censo de 1819 tiene como objetivo determinar la designación de representantes por jurisdicción en un momento de fuertes conflictos entre grupos urbanos y rurales. Palomeque 1992. p.49
[9] Alen Lascano 1996
[10] Parish, Woodbine 1958 en Palomeque 1992
[11] Hutchinson, Thomas 1945 también tomado de Palomeque 1992
[12] Larrouy op. cit.

lunes, 12 de abril de 2010

Bicentenario 1810: La produccion de mulas y ponchos santiagueños.


Esta nota fue parcialmente publicada en el suplemento Viceversa de la edicion del diario El Liberal del 24/05/2009

A doscientos años de una particular manera de producir riqueza.

En mayo de 1810 no hubo en Santiago del Estero actos políticos significativos. Los transportes y las comunicaciones eran equivalentes en cuanto a que ambos dependían exclusivamente de la tracción a sangre, lo cual se traducía en un bajo estándar de ansiedad y en la excesiva prudencia de las repercusiones que los hechos acaecidos en el puerto podían generar aquí.

Lo que en mayo de 1810 sí tenía peso era la actividad económica que desarrollaban las empresas españolas, directa o indirectamente, con la participación de los pueblos de indios y siempre en vinculación con los mercados consumidores del Potosí y de Buenos Aires.

¿Cuáles eran las características de las producciones santiagueñas y de los circuitos comerciales en los que estas se intercambiaban? Este es uno de los temas que ocupa a los investigadores de la historia económica que en los últimos años han incorporado métodos cuantitativos para poder medir la importancia relativa de la circulación mercantil y de las producciones locales en los espacios coloniales, y particularmente del espacio peruano y rioplatense sobre el cual se fundó la Republica Argentina hace ya casi doscientos años.

En torno de estas cuestiones giran los trabajos de la doctora Silvia Palomeque (CONICET–UNC), que desde 1989 publicó numerosos artículos y textos sobre la circulación mercantil durante el periodo colonial en los territorios de las actuales provincias argentinas y en particular de Santiago del Estero. Esos materiales producidos por Palomeque y sus colaboradores aportaron importantes datos para el conocimiento y la comprensión del pasado santiagueño durante la ocupación española del actual territorio provincial, y son una necesaria referencia para los nuevos estudios que se están realizando para todo el norte argentino.

Los ponchos…
Volviendo al tema que nos ocupa, podemos afirmar desde las investigaciones mencionadas que para primera década del siglo XIX, entre 1800 y 1810, eran los ponchos y las mulas los principales productos que se exportaban desde Santiago del Estero, mientras la cera, la miel y la grana muestran en los registros una clara decadencia.
La escasez de trabajos cuantitativos para el espacio santiagueño, lleva a la confusión respecto de cual habría sido el volumen de las exportaciones, aunque si podemos afirmar que el promedio anual de exportaciones de ponchos santiagueños para los años de la revolución se encontraba entre las 7.000 y las 15.000 unidades.
Las fuentes descriptivas de aquellos años, señalan que era esta producción la principal de la jurisdicción y que la misma estaba siendo impulsada por el trabajo femenino. La calidad de los ponchos fue tipificada y valuada en tres niveles: la de los “blancos balandranes”, confeccionados en algodón y adornados con bordados; en segundo lugar los conocidos con el nombre de “mestizos”, tejidos en algodón y en lana; y por ultimo los de lana exclusivamente.
En los documentos se rescata además el alto valor relativo de los ponchos santiagueños que en Buenos Aires eran colocados a 15 pesos de plata, mientras que los confeccionados en Córdoba apenas obtenían un peso por unidad.

Las mulas…
El otro rubro que aparece dentro de las principales actividades productivas es el de las mulas, medio de carga y transporte que cumplía en 1810 con tareas que ahora se realizan con vehículos automotores y diversas maquinas impulsadas con combustibles líquidos y electricidad.
La mula es un hibrido logrado del cruzamiento de dos especies equinas para alcanzar las particulares características de fuerza y adaptación al medio geográfico que en esos años se requería para el centro minero de plata emplazado en el cerro de Potosí.
Es difícil precisar el volumen de este ganado exportado, ya que antes de su paso era reunido en una importante feria de mulas en la ciudad de Salta, en la cual se hacia el pago del impuesto correspondiente sin precisar el origen de producción. Otros problemas que entorpecen las investigaciones están relacionados con el origen de algunos propietarios de campos en el sur de la jurisdicción de Santiago del Estero, que estaban realizando exportaciones de mulas al Potosí y que posiblemente hallan tributado por estos volúmenes ante las autoridades cordobesas.
Asimismo, es perjudicial para la definición de volúmenes exportados el indistinto uso del nombre el “Tucumán” para aludir al actual noroeste argentino, o para referirse puntualmente a la ciudad de San Miguel de Tucumán que han hecho algunos investigadores y que se suma a la escasa producción de trabajos cuantitativos para la plaza santiagueña con los cuales quedaría aclarada la cuota que a cada jurisdicción le corresponde.
En este sentido la Universidad Nacional de Santiago del Estero esta motorizando importantes avances bajo la dirección de los doctores Guillermo Banzato y Maria Cecilia Rossi, aportando desde la historia como ciencia, nuevas herramientas para la comprensión de estos aspectos del pasado santiagueño.

Las importaciones de productos americanos y europeos.
Los comerciantes santiagueños de 1810 tenían un ambicioso circuito de intercambios que superaba ampliamente las proyecciones que hoy podemos observar en el común de las empresas locales. En el seguimiento que Palomeque hace de algunos carreteros santiagueños, observa que aquellos realizaban operaciones directas en Chile, Mendoza, Buenos Aires y el Potosí, ciudad minera ubicada al sur del actual territorio de Bolivia.
Las importaciones europeas, conocidas como Efectos de Castilla, consistían en artículos suntuarios y piezas de metal entre otros, y eran introducidas desde los puertos de Buenos Aires y Valparaíso, en Chile, para pasar luego a ser redistribuidas en el territorio santiagueño y en Catamarca.
Entre las mercancías que se producían en otras ciudades del entonces Virreinato del Río de la Plata y que en los documentos eran llamados Efectos de la Tierra, se introducían al territorio santiagueño la yerba mate del Paraguay, tejidos rústicos de Catamarca y el Alto Perú y el aguardiente de San Juan conformando estos tres productos el 53.3% de las importaciones totales registradas en los libros de impuestos de Santiago del Estero.
Con una importancia menor, se registra el ingreso de algodón desde Catamarca, vino de La Rioja, azúcar y añil desde Chile, entre otros.

lunes, 13 de julio de 2009

miércoles, 6 de mayo de 2009

Trabajos que seran publicados en este espacio:

2008

"Caudillos y negocios provincianos: la economia santiagueña desde los balances y los libros caja 1820-1851". XXI Jornadas Nacionales de Historia Economica AAHE y Universidad Nacional de Tres de Febrero

"La Historia y las Ciencias economicas en el abordaje de las fuentes documentales del siglo XIX". Jornadas Regionales Economia y Sociedad del NOA UNSE - IDEAP

"Impuestos y burocracia en Santiago del Estero durante los primeros gobiernos independientes 1820-1850". Encuentro de Jóvenes Investigadores/ Fundacion El Colegio de Santiago.

2007

"Tierra y poblacion en la frontera santiagueña del rio Salado (1810-1852)". XI° Jornadas interescuelas/departamentos de Historia Universidad Nacional de Tucuman

"Tierra y poblacion en la frontera santiagueña del rio Salado (1810-1852) El trabajo con fuentes en el Archivo General de la provincia de Sgo. del Estero". Encuentro de Jóvenes Investigadores/7 Fundacion El Colegio de Santiago.

2006

"Relevamiento hist. de localidades y actividades del Antiguo Camino Real Tramo Sgo – Loreto (La dormida)". Subsecretaria de Turismo Pcia. De Sgo del Estero.

"La transmisión de la tierra publica en tiempos de Ibarra (1820-1850)". 8° Congreso Argentino de Antropología Social. Salta Universidad Nacional de Salta

2005

"La narración de la historia en Sgo. Del Est. : sujetos, objetos y formas". Encuentro de Jóvenes Investigadores/5 Colegio de Santiago

2003

"Historia y Políticas culturales en Santiago del Estero". Encuentro de Jóvenes Investigadores/3 Colegio de Santiago 2004 "Selección y reproducción de la memoria en Sgo del Estero". SXX. II° Jornadas de Reflexion sobre la historia de Santiago del Estero UNSE - FHCS yS 1998

"Compañías teatrales en Santiago del Estero 1945/1955".
Seminario de Historia Regional.
Instituto Superior del Profesorado Provincial Nro. 1

"Instituciones de la inmigración italiana en Sgo del Estero". Jornadas de reflexión sobre la inmigración italiana en Sgo del Estero Casa de Italia de Sgo. del Estero

2001

"Familias inmigrantes en Santiago del Estero". Serie Familias y Linajes (27 notas periodísticas) Revista PODER

2000

"Familias Tradicionales en Santiago del Estero". Serie Familias y Linajes (25 notas periodísticas) Revista PODER

1999

"Reseña histórica de la Biblioteca Sarmiento".
1era. Exposición de diseño, Decoración y Paisajismo.
Biblioteca Sarmiento.


"La Biblioteca Sarmiento desde fines del XIX a mediados del XX".
en Jornadas de Historia de Santiago del Estero.
Museo Histórico Provincial. ISPP Nro.1